viernes, 16 de mayo de 2014

Two english poems



Dos poemas en inglés

El inútil amanecer me encuentra en una esquina
            desierta; he sobrevivido a la noche.
Las noches son olas orgullosas; crestas azul marinas
            cargadas con todos los tonos de profundos despojos, cargadas con
            cosas improbables y deseables.
Las noches tienen habituales dones misteriosos y denegaciones,
            de cosas que medio se regalan, medio se retienen,
Delicias con un hemisferio oscuro. Te digo que las noches actúan
            así.
La marejada, esa noche, me dejó los acostumbrados jirones
            y finales desparejos: algunas amistades odiadas con quien
            charlar, música para soñar, y el humo de
            cenizas amargas. Cosas que mi corazón hambriento
            no usa.
La gran ola te trajo.
            Palabras, algunas palabras, tu risa, y tú perezosa
            e incesantemente hermosa. Hablamos y
            has olvidado las palabras.
El rompiente amanecer me encuentra en una esquina
            de mi ciudad.
Tu perfil que se aleja, los sonidos que van a
            formar tu nombre, la cadencia de tu risa:
            son los ilustres juguetes que me has dejado.
Los entregué en la madrugada, los perdí,
            los encontré; se los dije a los pocos perros callejeros y
            a las pocas estrellas del amanecer.
Tu rica oscura vida…

Debo llegar a ti, de alguna manera;
            guardé los ilustres juguetes que me has dejado, quiero tu
            tu mirada oculta, tu risa – burlona sonrisa,
            que solitariamente, tu frío espejo conoce.


II


Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco calles angostas, atardeceres
            desesperados, la
            luna de los ásperos suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado
largamente la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas
que los vivos han honrado en bronce:
el padre de mi padre, muerto en la frontera de
Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones,
barbudo y muerto, envuelto por sus soldados en
un cuero de vaca; el abuelo de mi madre
veinticuatro años, encabezando una carga de
trescientos hombres en Perú, fantasmas ahora sobre
caballos esfumados.
Te ofrezco cualquier revelación que puedan tener mis libros,
            cualquier acto de hombría o humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca
            ha sido leal.
Te ofrezco ese núcleo de mí que he salvado,
            de algún modo, el corazón central que no se ofrece
            en palabras, no comercia con sueños, y es
            intocable al tiempo, a la alegría, a las adversidades.
Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista en
            el atardecer, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones sobre ti, teorías sobre
            ti, auténticas y sorprendentes noticias de
            ti.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el
hambre de mi corazón; estoy tratando de sobornarte
            con incertidumbre, con peligro, con derrota.

Jorge Luis Borges (1934)
Lo traduje en el transcurso de 1977-78

No hay comentarios:

Publicar un comentario