El 14 de mayo de 2014 es de esos días para homenajear la
vida. Obviamente no todos estarán de acuerdo con los anuncios de la presidenta,
Cristina Fernández, porque según los dichos de quienes no disfrutan de estas
noticias que celebramos muchos, es sorda y ciega. Y les molesta que hable, que
no sea muda para su desgracia.
Para muchos, seguramente, el aumento del 40% para la
Asignación Universal por Hijo y para las asignaciones familiares de los trabajadores
registrados, o para las familias que reciben la asignación por discapacidad, no
les representa nada. Es nimio. No existe.
Esto se comprende, no solamente desde la teoría, sino desde
la experiencia de vida de cada uno. Es obvio que quienes han recuperado el
dinero robado en el corralito, que desesperaron cuando les tocó sufrir que
robaran sus dineros guardados en bancos y salieron locos a la calle a
“cacerolear”; cuando no les interesó hacer lo mismo que venían haciendo los
“molestos e impresentables” que enviaban sus niños a la calle, a buscar en las
puertas de los bares, restaurantes, las sobras para poder comer; a quienes no
les molestó gritar en la Plaza de Mayo, la misma plaza donde durante años,
había mujeres que todos los jueves
reclamaban ni más ni menos por sus hijos detenidos-desaparecidos y que muchos
calificaron de “locas”. En el 2001, no pensaron un minuto en compararse con
ellos. Les habían metido la mano en sus bolsillos. Y salieron. Enjundiosos.
Llegaron a sentir el peso de la realidad de los otros, de
los que no conocían otra realidad que la de siempre. La de no poder llevar comida
a su casa porque no tenían trabajo. Llegaron a estar ahí, a un paso de ser
personas sensibles, a poder comprender el sufrimiento, la angustia, la
desesperación de esa marea humana expulsada de este sistema.
Nuestro país, a fuerza de decisión política, de ideología,
de proyecto popular, de coraje, sobre todo, emergió de una de las peores
crisis. Quien hizo mucho para esto fue ese hombre, casi un duende flaco,
desgarbado, sensible, corajudo: Néstor Kirchner.
Lo han dicho, hay más de cientos, miles de testimonios
gráficos, radiales, televisivos, de lo bien que iba la economía durante los
primeros años de kirchnerismo.
Esa clase. La de siempre, la pendular, que más que un péndulo,
a esta altura es una bola que gira y no sabe dónde va, recompuesta, cobrando lo que devolvió este
mismo gobierno, por lo que le había robado otro, se enfada. Y se enfada porque
nuevamente, haciendo uso de la mala memoria que padecen, o demasiado buena,
pero dueños de una insensibilidad humana indescriptible, siente que está
padeciendo otro “robo” según sus apreciaciones.
Ahora les roba el gobierno nacional desde Ansés, con la Asignación Universal por Hijo, “que va a
parar al juego y la droga”, Sanz. O “hay más adolescentes embarazadas para
poder cobrar la asignación”, Miguel Del Sel. Y para qué seguir.
Se molestan. Que les moleste. A esta clase en general y a la
otra, a la despreciable oligarquía nacional. Al lumpenaje sindical enriquecido.
A los narcisistas políticos.
No molesta a quienes dicen desde el corazón, desde el
cotidiano que viven, cosas como éstas: “mientras escucho a Cristina anunciar
los aumentos en la AUH, en las asignaciones para pensionados por discapacidad, pienso
qué bueno para la mamá de B, qué bueno para la mamá de M., y así van pasando
las caritas y los nombres de alumn@s de la escuela que se verán beneficiad@s...
y me alegra tanto pero tanto que me sonríe el alma”, docente, por supuesto.
Porque hay quienes no tienen idea de lo que son 200 pesos
más en la economía familiar. Porque ya no recuerdan cuando podían comer
haciendo trueque. Porque no. Porque jamás lo van a recordar porque no quieren.
No alegra saber que piensen y sientan así. Se siente. Se
sufre. Se sufre en una dimensión universal que trasciende lo argentino.
Se sufre enfrentar la insensibilidad y la necedad humana.
Quienes han asumido la vida como seres sociales,
comprometidos con esta cosa que es la humanidad terráquea, se sienten
reconfortados. No porque se piense que está todo bien. No. Ya se dio la cifra
de los millones de argentinos que siguen siendo pobres, que no tienen acceso a
esa canasta que garantiza lo elemental, en un nivel de indigencia.
Para eso estamos. Para avanzar. Para demostrar que la única
lucha que se pierde es la que se abandona. En la decisión de muchas y muchos no
está en la agenda abandonar ninguna lucha. Pero eso sí, jamás coincidiremos con
el “peor, peor, mejor, mejor”. Porque con esa consigna quedan muchos en el
camino. Y cada uno es importante para nosotros.
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