viernes, 16 de mayo de 2014

Donde hay una necesidad, existe un derecho (Evita)



El 14 de mayo de 2014 es de esos días para homenajear la vida. Obviamente no todos estarán de acuerdo con los anuncios de la presidenta, Cristina Fernández, porque según los dichos de quienes no disfrutan de estas noticias que celebramos muchos, es sorda y ciega. Y les molesta que hable, que no sea muda para su desgracia.

Para muchos, seguramente, el aumento del 40% para la Asignación Universal por Hijo y para las asignaciones familiares de los trabajadores registrados, o para las familias que reciben la asignación por discapacidad, no les representa nada. Es nimio. No existe.
Esto se comprende, no solamente desde la teoría, sino desde la experiencia de vida de cada uno. Es obvio que quienes han recuperado el dinero robado en el corralito, que desesperaron cuando les tocó sufrir que robaran sus dineros guardados en bancos y salieron locos a la calle a “cacerolear”; cuando no les interesó hacer lo mismo que venían haciendo los “molestos e impresentables” que enviaban sus niños a la calle, a buscar en las puertas de los bares, restaurantes, las sobras para poder comer; a quienes no les molestó gritar en la Plaza de Mayo, la misma plaza donde durante años, había mujeres que todos  los jueves reclamaban ni más ni menos por sus hijos detenidos-desaparecidos y que muchos calificaron de “locas”. En el 2001, no pensaron un minuto en compararse con ellos. Les habían metido la mano en sus bolsillos. Y salieron. Enjundiosos.

Llegaron a sentir el peso de la realidad de los otros, de los que no conocían otra realidad que la de siempre. La de no poder llevar comida a su casa porque no tenían trabajo. Llegaron a estar ahí, a un paso de ser personas sensibles, a poder comprender el sufrimiento, la angustia, la desesperación de esa marea humana expulsada de este sistema.

Nuestro país, a fuerza de decisión política, de ideología, de proyecto popular, de coraje, sobre todo, emergió de una de las peores crisis. Quien hizo mucho para esto fue ese hombre, casi un duende flaco, desgarbado, sensible, corajudo: Néstor Kirchner.
Lo han dicho, hay más de cientos, miles de testimonios gráficos, radiales, televisivos, de lo bien que iba la economía durante los primeros años de kirchnerismo.

Esa clase. La de siempre, la pendular, que más que un péndulo, a esta altura es una bola que gira y no sabe dónde va,  recompuesta, cobrando lo que devolvió este mismo gobierno, por lo que le había robado otro, se enfada. Y se enfada porque nuevamente, haciendo uso de la mala memoria que padecen, o demasiado buena, pero dueños de una insensibilidad humana indescriptible, siente que está padeciendo otro “robo” según sus apreciaciones.

Ahora les roba el gobierno nacional desde Ansés, con la  Asignación Universal por Hijo, “que va a parar al juego y la droga”, Sanz. O “hay más adolescentes embarazadas para poder cobrar la asignación”, Miguel Del Sel. Y para qué seguir.

Se molestan. Que les moleste. A esta clase en general y a la otra, a la despreciable oligarquía nacional. Al lumpenaje sindical enriquecido. A los narcisistas políticos.
No molesta a quienes dicen desde el corazón, desde el cotidiano que viven, cosas como éstas: “mientras escucho a Cristina anunciar los aumentos en la AUH, en las asignaciones para pensionados por discapacidad, pienso qué bueno para la mamá de B, qué bueno para la mamá de M., y así van pasando las caritas y los nombres de alumn@s de la escuela que se verán beneficiad@s... y me alegra tanto pero tanto que me sonríe el alma”, docente, por supuesto.

Porque hay quienes no tienen idea de lo que son 200 pesos más en la economía familiar. Porque ya no recuerdan cuando podían comer haciendo trueque. Porque no. Porque jamás lo van a recordar porque no quieren.
No alegra saber que piensen y sientan así. Se siente. Se sufre. Se sufre en una dimensión universal que trasciende lo argentino.
Se sufre enfrentar la insensibilidad y la necedad humana.

Quienes han asumido la vida como seres sociales, comprometidos con esta cosa que es la humanidad terráquea, se sienten reconfortados. No porque se piense que está todo bien. No. Ya se dio la cifra de los millones de argentinos que siguen siendo pobres, que no tienen acceso a esa canasta que garantiza lo elemental, en un nivel de indigencia.
Para eso estamos. Para avanzar. Para demostrar que la única lucha que se pierde es la que se abandona. En la decisión de muchas y muchos no está en la agenda abandonar ninguna lucha. Pero eso sí, jamás coincidiremos con el “peor, peor, mejor, mejor”. Porque con esa consigna quedan muchos en el camino. Y cada uno es importante para nosotros.

Two english poems



Dos poemas en inglés

El inútil amanecer me encuentra en una esquina
            desierta; he sobrevivido a la noche.
Las noches son olas orgullosas; crestas azul marinas
            cargadas con todos los tonos de profundos despojos, cargadas con
            cosas improbables y deseables.
Las noches tienen habituales dones misteriosos y denegaciones,
            de cosas que medio se regalan, medio se retienen,
Delicias con un hemisferio oscuro. Te digo que las noches actúan
            así.
La marejada, esa noche, me dejó los acostumbrados jirones
            y finales desparejos: algunas amistades odiadas con quien
            charlar, música para soñar, y el humo de
            cenizas amargas. Cosas que mi corazón hambriento
            no usa.
La gran ola te trajo.
            Palabras, algunas palabras, tu risa, y tú perezosa
            e incesantemente hermosa. Hablamos y
            has olvidado las palabras.
El rompiente amanecer me encuentra en una esquina
            de mi ciudad.
Tu perfil que se aleja, los sonidos que van a
            formar tu nombre, la cadencia de tu risa:
            son los ilustres juguetes que me has dejado.
Los entregué en la madrugada, los perdí,
            los encontré; se los dije a los pocos perros callejeros y
            a las pocas estrellas del amanecer.
Tu rica oscura vida…

Debo llegar a ti, de alguna manera;
            guardé los ilustres juguetes que me has dejado, quiero tu
            tu mirada oculta, tu risa – burlona sonrisa,
            que solitariamente, tu frío espejo conoce.


II


Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco calles angostas, atardeceres
            desesperados, la
            luna de los ásperos suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado
largamente la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas
que los vivos han honrado en bronce:
el padre de mi padre, muerto en la frontera de
Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones,
barbudo y muerto, envuelto por sus soldados en
un cuero de vaca; el abuelo de mi madre
veinticuatro años, encabezando una carga de
trescientos hombres en Perú, fantasmas ahora sobre
caballos esfumados.
Te ofrezco cualquier revelación que puedan tener mis libros,
            cualquier acto de hombría o humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca
            ha sido leal.
Te ofrezco ese núcleo de mí que he salvado,
            de algún modo, el corazón central que no se ofrece
            en palabras, no comercia con sueños, y es
            intocable al tiempo, a la alegría, a las adversidades.
Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista en
            el atardecer, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones sobre ti, teorías sobre
            ti, auténticas y sorprendentes noticias de
            ti.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el
hambre de mi corazón; estoy tratando de sobornarte
            con incertidumbre, con peligro, con derrota.

Jorge Luis Borges (1934)
Lo traduje en el transcurso de 1977-78